
The Wall Street Journal
El declive de los diarios es una tragedia para la democracia. ¿Cómo se puede detener?
Los dueños de diarios, seducidos por el atractivo del nuevo medio de distribución llamado Internet, les dieron a los discípulos de la Web permiso para tomar su producto cuidadosamente elaborado —las noticias— y reempaquetarlas y luego lo regalaron a las mismas personas y otras de las que aún se esperaba que pagaran por el producto tradicional impreso en hojas de diario. Algo no encajaba en esta lógica.
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